La mejora de la salud física y emocional mediante el ejercicio de fuerza y la nutrición personalizados es un trabajo que se consigue mediante un equipo multidisciplinar a la vanguardia y un paciente mentalizado que cumpla todas las directrices marcadas.

Resumen del Caso

En este blog exploramos la historia excepcional de una paciente que acude a consulta en estado de desnutrición, y con una pérdida de peso de 50 kg en un corto período de tiempo, tras sufrir obesidad. La desnutrición que presentaba era consecuencia de los síntomas que experimentaba, que incluían dolor abdominal (principalmente en el costado izquierdo), estreñimiento, reflujo, ardor, dispepsia y reacciones cutáneas a ciertos alimentos. Además, presentaba dermatitis.

Este caso clínico muestra la transformación en el estado nutricional de la paciente, así como en la ganancia de movilidad y recuperación de fuerza, tras superar su estado de desnutrición. Esto fue posible gracias a una estrategia personalizada de intervención nutricional y entrenamiento de fuerza, diseñada en Baigene, basada en un estudio genético de la paciente y en una evaluación ambiental y clínica.

Descripción del Caso

  • Paciente: Mujer, de 40 años.
  • Evaluación inicial:
  • Cuadro médico:
    • Paciente operada de rectocele y con Helicobacter pylori erradicado tras dos tandas de antibióticos, hace siete años. Refiere reflujo nocturno y pesadez, especialmente agudizados en el último año. Presenta sabor metálico, boca seca, saciedad precoz severa que le impide comer ya que, al esforzarse a hacerlo, sufre náuseas y vómitos, lo que le lleva a una pérdida de peso.Dolor difuso en el costado izquierdo, sensación de ahogo tras las comidas y sofocos una hora y media después de comer. También presenta amenorrea, posiblemente debido a la desnutrición. Los síntomas digestivos suelen aparecer inmediatamente después de las comidas, sufriendo dispepsia, gases e hinchazón, entre otros.Inapetencia, reacciones cutáneas a alimentos, y dermatitis.
    • Incapacidad de tolerar fármacos por vía oral.
  • Analítica clínica:
    • test SIBO negativo, heces normales (Bristol 4), analíticas de sangre sin alteraciones significativas salvo déficit de B9, celiaquía y prueba Helicobacter pylori negativas, gastroscopias y colonoscopias negativas, al igual que pruebas de alergias, calprotectina, sangre en heces y análisis de parásitos, TAC, PET, entre otros.
    • Deposiciones una vez por semana (posiblemente por la drástica disminución de la ingesta) con forma Bristol 4, pero en ocasiones experimenta episodios de diarrea.
  • Diagnóstico clínico: Desnutrición y gastroparesia típica en personas con diabetes, aunque la paciente no sufre esta enfermedad. La paciente refiere inicio de los síntomas un año antes de comenzar el MétodoBaigene, con un impacto al parecer importante de la segunda vacunación contra COVID-19.
  • Análisis genético: el estudio genético se realizó en base al análisis de polimorfismos, como herramienta de apoyo clave para el diseño del plan nutricional y entrenamiento de fuerza. Se realizó el análisis genético BAIGENE® en base a diversos FACTORES CLAVE para su objetivo, que indican su predisposición a gestionar de forma menos eficaz los carbohidratos y grasas, vasodilatación, resistencia a la pérdida de peso, tipología de fibras mixtas, predisposición intermedia al sobrecalentamiento muscular durante el ejercicio, detoxificación baja y predisposición genética a intolerancias alimentarias (gluten).
  • Test morfofuncional y de fuerza: análisis de la postura estática, centro de gravedad, valoración en camilla: fatiga extrema ante cualquier actividad física, siendo incapaz de subir escaleras, lo que le obligaba a dormir en la planta baja de su domicilio. Su capacidad para realizar movimientos cotidianos era prácticamente nula, con un nivel de fuerza muscular extremadamente bajo.

Intervención Nutricional

Metodología personalizada:

En el servicio de nutrición de BAIGENE se llevó a cabo un enfoque personalizado para abordar los síntomas digestivos de la paciente. En primer lugar, se revisaron detalladamente las pruebas diagnósticas disponibles, para comprender la situación de salud de manera integral y establecer una base sólida para la intervención nutricional.

Asimismo, el análisis genético de predisposición a intolerancias, metabolismos de lípidos y proteínas y perfil inflamatorio resultó ser una herramienta de gran utilidad.

La intervención nutricional siempre se adapta a las necesidades individuales, en este caso con enfoque especial en la reintroducción gradual y controlada de alimentos según tolerancia. Este proceso se complementó con un seguimiento estructurado mediante sesiones cada dos semanas, donde se evaluaron los progresos y se realizaron los ajustes necesarios. Utilizamos los registros alimentarios y de síntomas como una herramienta clave para identificar patrones y evaluar respuestas a las intervenciones realizadas (y de este modo adaptarlas para poder continuar). Además, la comunicación constante con el paciente fue imprescindible para la mejora, siempre manteniendo una relación de cercanía y apoyo continuo durante el tratamiento.

Debido a que un diagnóstico debe ser establecido por personal médico, se procedió a realizar informes de sus síntomas según nuestro tratamiento para remitir a su médico, para poder detectar algún patrón que se repitiese y que pudiese valorar realizar alguna nueva prueba a la paciente.

Plan de intervención inicial:

Se establece una dieta blanda o de protección gástrica, similar a la utilizada en casos de gastroenteritis, adaptada a su limitada ingesta alimentaria. Hasta el momento, la paciente consumía únicamente unos pocos alimentos básicos: tostadas de pan tipo biscote, jamón cocido, muslo de pollo y algo de patata cocida. Además, no cena, ya que la comida nocturna le sigue provocando malestar. A nivel nutricional, la paciente restringe muchos alimentos y siempre consume los mismos, preparados de la misma forma, debido al miedo a que se desencadenen síntomas. Iniciamos pautas para controlar las náuseas y vómitos, considerando la saciedad precoz y su tolerancia alimentaria, con el objetivo de realizar ingestas pequeñas pero frecuentes. Además, se introdujeron suplementos hipercalóricos e hiperproteicos para intentar revertir la pérdida de peso involuntaria. Se recomendó asimismo a la paciente el uso de métodos de cocinado suaves, una dieta baja en grasas con alimentos magros y la eliminación de fibra para evitar irritación gastrointestinal.

Reacción a la reintroducción de alimentos: Al intentar reintroducir nuevos alimentos, la paciente experimenta reacciones cutáneas de tipo histamínico, caracterizadas por erupciones y prurito. Las pruebas de alergia realizadas han resultado negativas, pero sigue presentando estas respuestas alérgicas inespecíficas. Actualmente, está tomando cetirizina (antihistamínico) para controlar las reacciones cutáneas cuando se introducen nuevos alimentos. Los resultados de IgA total e IgA antitransglutaminasa fueron negativos.

Suplementación: Dado que la paciente no consume frutas ni verduras, se ha suplementado con un complejo vitamínico y mineral de amplio espectro para cubrir las necesidades básicas de micronutrientes. También se ha incorporado aceite MCT (triglicéridos de cadena media derivados del coco) a la dieta. Este tipo de grasa se absorbe más fácilmente y no requiere un proceso digestivo tan complejo como los triglicéridos de cadena larga, lo que ayuda a aumentar el contenido calórico de la dieta de forma eficiente. Debido a su predisposición genética limitada para producir EPA y DHA de manera eficiente, la suplementación con estos ácidos grasos omega-3 se valoró importante para aprovechar sus efectos antiinflamatorios.

Plan de intervención progresivo:

La dieta sigue siendo de tipo blanda, aunque se ha estado evaluando la reintroducción de algunos alimentos progresivamente. La paciente continúa con el tratamiento con cetirizina para controlar las reacciones cutáneas al intentar reintroducir nuevos alimentos.

Aunque no se está siguiendo una dieta baja en FODMAP estricta (FODMAP hace referencia a un grupo de carbohidratos y polioles fermentables), se consideran los niveles de FODMAP de los alimentos para su reintroducción gradual. Por ejemplo, en el grupo de verduras, se están introduciendo lentamente opciones como calabacín y espinacas. En cuanto a frutas, la única tolerada hasta ahora es la compota de manzana. La paciente continúa suplementándose para cubrir los requerimientos de vitaminas y minerales.

Desde hace seis meses, no ha sido posible añadir más alimentos a la dieta, excepto pequeñas cantidades de merluza y crema de cacahuete (en los momentos en que la digestión ha sido mejor). Las cantidades de estos alimentos se han incrementado progresivamente, logrando una mejora en el estado nutricional de la paciente, la cual ya no se encuentra en estado de desnutrición.

Resultados

En conjunto, se ha incrementado progresivamente la cantidad de alimentos hasta alcanzar una ingesta normal, a pesar de la limitada variedad disponible. En cuanto a su intolerancia a diversos alimentos, algunos síntomas han ido desapareciendo durante el curso de la intervención nutricional.

En el proceso de salida del estado de desnutrición, en la Figura 1b se observa cómo la paciente ha ido aumentando su peso, correspondiente a en parte a la ganancia de masa muscular y a un aumento de su masa grasa (Figura 1a) hasta llegar a unos rangos saludables.

Figura 1. Evolución de la composición corporal (a) y peso de la paciente (b) tras intervención nutricional y de entrenamiento de fuerza.

Al inicio de la intervención de entrenamiento de fuerza isométrica, se encontraba muy cansada durante varios días tras el entrenamiento. Tras la intervención, ha mostrado una notable mejora: ha recuperado una movilidad normal y ha ganado fuerza muscular (Figura 2; Tabla 1), mostrando una mayor tolerancia a los entrenamientos de alta intensidad.

Figura 2. Evolución de la ganancia de fuerza en los distintos grupos musculares; a) medidas con chronojump; b) medidas con máquina isocinética.

Tabla 1. Mejora del porcentaje de fuerza por grupo muscular.

Zona anatómicaPorcentaje de MEJORA
Cuádriceps dcho43,18 %
Cuádriceps izq49,21 %
Isquiotibiales dcho51,02 %
Isquiotibiales izq63,74 %
Pecho93,24 %
Espalda79;10 %

Conclusiones

Gracias al Método BAIGENE, La paciente ha superado el estado de desnutrición y ha mejorado su composición corporal, logrando un aumento de peso saludable con aumento de masa muscular. Asimismo, ha mejorado su tolerancia a determinados alimentos y ha incrementado el número de alimentos en su dieta.

En la actualidad, la paciente ha retomado su vida laboral con normalidad y ha experimentado una recuperación significativa de su fuerza muscular. Esto ha sido posible gracias a la intervención de entrenamiento personalizado de fuerza diseñado y supervisada en BAIGENE. En este proceso, ha logrado avances significativos en sus objetivos de recuperación de movilidad y ganancia de fuerza, alcanzando una mejora de hasta el 93,24 % en la fuerza del músculo pectoral, y una mejora de la fuerza en piernas de hasta el 63,74 % y del 79,10 % en espalda.

El trabajo de BAIGENE se basa, además de en el conocimiento y experiencia de nuestros profesionales, en el rigor científico y en la revisión constante de la bibliografía más actualizada. Además, consultamos con otros profesionales sanitarios cuando es necesario, lo que garantiza una actualización continua para ofrecer un tratamiento de alta calidad basado en la evidencia. Nuestro objetivo es acompañar al paciente en cada etapa de su camino hacia el bienestar digestivo, asegurándonos de que reciba un apoyo integral y efectivo.